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As hard as you can...

20.12.08 by Andrés Jáquez

Hit me.



Hit me again!



         JACK
       (looks at watch)
God, it's late. I should find a
hotel...

TYLER
A hotel?

JACK
Yeah.

TYLER
So, you called me up, because you
just wanted to have a drink before
you... go find a hotel?

JACK
I don't follow...

TYLER
We're on our third pitcher of beer.
Just ask me.

JACK
Huh?

TYLER
You called me so you could have a
place to stay.

JACK
No, I...

TYLER
Why don't you cut the shit and ask if
you can stay at my place?

JACK
Would that be a problem?

TYLER
Is it a problem for you to ask?

JACK
Can I stay at your place?

TYLER
Yes, you can.

JACK
Thank you.

TYLER
You're welcome. But, I want you to
do me one favor.

JACK
What's that?

TYLER
I want you to hit me as hard as you
can.

JACK
What?

TYLER
I want you to hit me as hard as you
can.
Freeze picture.

¿Quién engañó a Marla Singer? Sexta parte.

18.12.08 by Andrés Jáquez


May I never be complete.
May I never be content.
May I never be perfect.
Deliver me, Tyler, for being perfect and complete.
-Fight Club (libro), Chuck Palahniuk. Capítulo 5.

Cuarto paso:captar el momento dogmático.

Por este paso la deconstrucción siempre sucede de manera hiperconceptual, siempre habita en la periferia de un texto, en los bordes, en los límites, en la posibilidad, en lo que puede ser.

Para capturar el momento dogmático es necesario romper los esquemas tradicionales y adquirir una nueva forma de ver, es indispensable recorrer los caminos prohibidos por la tradición. El momento dogmático, el residuo de credulidad, se vislumbra dentro del acto subversivo al cuestionar la herencia, cuando se recorren y clasifican las texturas, los colores y degradaciones, de las fisuras del edificio conceptual que da vida a un texto.

No hay método, no hay camino seguro. Aunque se elabore demasiado sobre cómo ejecutar la acrobacia necesaria o qué tipo de sortilegios deben activarse para descubrir tal momento dogmático, no habrá certezas. Solamente existen dos ideas fuerza, dos mantras, dos semas que mantienen viva esta búsqueda: infidelidad e incertidumbre. "La mejor manera de serle fiel a una herencia es serle infiel!.", dice Jacques Derridá. Por lo tanto el héroe abandona el cobijo familiar para sumergirse en la aventura de un destino errante e incierto, sin embargo su intención es regresar algún día lleno de gloria y renombre (¡renombrado, re-designado!) para continuar con la tradición, conservarla y reafirmar su herencia.

No debe interpretarse al momento dogmático como un punto débil, una flaqueza, un talón de Aquiles; más bien su interpretación radica en lo oculto, en el acertijo, es, definitivamente, la senda del héroe. Son los elegidos quienes pueden demostrarse a sí mismo su condición única y diferente a los demás - a los tradicionales -. Los elegidos podrán ver aquello que se escapa a los ojos nublados, velados, de todos.

La literatura épica es deconstructiva, sin lugar a dudas. Cualquier texto que proponga retornar al momento básico y fundante -el origen- es deconstructivo mientras el reingreso suceda en círculos, por laberintos, por rutas desconocidas.

En Fight Club la deconstrucción de una realidad heredada inicia cuando Tyler Durden dice "I want you to hit me, as hard as you can". Esta petición, expuesta a "Jack", es la condición necesaria para ingresar en el mundo de Tyler, en el camino prohibido que crítica a las super-estructuras.

Es en el capítulo veintitrés del libro donde se descubre el momento dogmático de toda la parafernalia masculina, homoerótica, que profesa Fight Club. La falta de lectura del texto original ha sido la causa del mal entendido, de la actitud conformista y soberbia que se observa en los adolescentes-espectadores originales y en los que continuaron con la práctica desequilibrada, injusta, de creer solamente en el formato cinematográfico. Es en este espacio escrito, dentro de la línea histórica encapsulada en Fight Club, donde se centrará mi análisis.


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Galvin P. Chow propone, en un brilante y organizado texto, que Fight Club es la consecuencia directa, o la continuación, del comic llamado Calvin & Hobbes, escrita y dibujada por Bill Watterson. Utilizando la terminología clásica de la psicología y filosofías anarco-primitivistas logra introducirnos a su hipótesis, en la que su argumento central reside en la idea de que Calvin, un niño de 6 años supuestamente indefenso y ensimismado, es "Jack" (en la película, aunque en el libro no se menciona el verdadero nombre del narrador-protagonista) y Hobbes, el pomposo tigre que lo ayuda a evadir la monotonía de la vida real y sus estructurados padres, no es otro sino el Tyler Durden imaginario, el lado oscuro y reprimido, que hace de la anarquía su alimento.

¿Quién engañó a Marla Singer? Quinta parte.

16.12.08 by Andrés Jáquez

The mechanic says, "If you're male and you're Christian and living
in America, your father is your model for God.
And if you never know your father, if your father bails out
or dies or is neve
r at home,
what do you believe about God?"

"What you end up doing," the mechanic says,
"is you spend your life searching for a father and God."

"What you have to consider
is the possibility that God doesn't like you. Could be, God hates us.
This is not the worst thing that can happen."
- Fight Club, Chuck Palahniuk. Capítulo 18.




Tercer paso: responsabilidad.

En los propios términos de Derridá "escoger su herencia" -nuestra herencia, la herencia- consiste en: ni aceptarlo, ni barrer con todo. Ser heredero es reafirmarse, pero siempre de manera responsable y amorosa. Se excede dentro de territorios conocidos, porque la misma tradición lo permite y fomenta. Los caminos que recorre el heredero son peligrosos, deben ser temidos por otros, solamente así será sometido a prueba. El exterminio no está en los planes del héroe, heredero, historiador, hijo. La deconstrucción, a final de cuentas, busca el reencuentro con el padre, disculpándolo amorosamente por sus errores y arrebatos, pero viéndolo de manera distinta, con otros ojos, con una mirada orgullosa.

Reconozco que mis temas, mis obsesiones, son, en su mayoría, diatribas generacionales. Mi declarada profesión de fe a Slavoj Zizek, a Douglas Coupland, a Chuck Palahniuk, J. M. Coetzee, Philip Roth, Radiohead, Sigur Ros (y muchos más etcéteras) indica un compromiso por hablar en otro tono, pero dentro un mismo código, con mis tribus, con mis coetáneos, con todos los locos ambulantes que juegan a ser normales dentro de una sociedad que no los incluyó. Mi oratoria es para los X, siempre, aunque termine hablando con los Y, trabajando para la generación Baby Boom y viviendo día a día el equívoco que nos mantiene fértiles, acumulando, segundo a segundo, malos entendidos.

"This is your life, and it's ending one minute at a time." - Tyler Durden.

Parte del compromiso generacional que me anuncia es, precisamente, el conflicto que mantengo con Fight Club, con el discurso pronunciado, y traicionado por la combinación Palahniuk-Fincher, que dejó heridas abiertas, muchos símbolos sepultados y caminos por recorrer. Hay una reflexión inconclusa, en la obra, que nadie se atreve a mencionar, sin embargo la hipótesis central del libro ha provocado que en la red social más importante en la actualidad -Facebook- existan 383, 360 fans para una sola aplicación, al mismo tiempo que se han detectado, desde hace ya casi 10 años, cientos de grupos y foros en los que jóvenes y adultos, en todo tipo de condiciones, se organizan para enfrentarse en una pelea a la vez, sin camisa, sin zapatos, dos rivales por pelea. Cada vez que me entero que un nuevo fanático de Fight Club profesa su radicalidad y su misoginia siento una obligación que me antecede e impone a decir la verdad, lo que nadie dice. Es una responsabilidad cruel, dolorosa y, bajo cierta luz y óptica, fratricida. Sin embargo es una responsabilidad de heredero, donde el acto heroico es implacable, es indispensable para construir los cimientos de una evolución simbólica.


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Joshua Delpech-Ramey entrevista a Slavoj Zizek para el Diario de Filosofía y Escritura, la conversación se titula "On Divine Self-Limitation and Revolutionary Love". A continuación el extracto referente a Fight Club en el que el filósofo eslovenio ilustra, de manera muy clara, la intención deconstructiva del protagonista para alcanzar la libertad. Tangencialmente Zizek habla sobre la importancia de una herencia que incite al cambio y a la apertura


JPS: A cut within ourselves?

SZ: Yeah, yes! This is why again, in a totally different way (you put it wonderfully) this too, is in a movie that I like, Fight Club, where at first, you hit yourself. This is the most difficult part. The change is a change in you. Herbert Marcuse of the Frankfurt School, so sadly forgotten today, put it in a very nice way in his essay on liberation, "freedom is the condition of liberation." In order to liberate yourself you must be free.

We see this today, with feminists, that the first step in liberation is that you perceive that your situation is unjust. This already is the inner freedom. The problem is not, at first, that the situation for women was bad, but [rather] that they just accepted it as a fact. Even in revolution it goes like this. If you look at the French Revolution, the shift was purely ideological. They overthrew the king when they started to perceive that position as unjustified. Look at it in an objective way. The ancienne regime was, in the second part of the 18th century, much more liberal and open than before. It's just that the implicit ethical standards changed. My big obsession with Christianity is that there is something extremely precious in this legacy that is being lost today.


JPS: This is a question about idolatry, one of the greatest, perhaps the greatest theme of monotheistic religion, and of the Jewish, Christian, and Islamic scriptures. You claim provocatively in The Puppet and the Dwarf that "the ultimate idolatry is not the idolizing of the mask, the image, but the belief that there is some hidden, positive content beyond the mask" (138). What do you mean, exactly, by this phrase?

SZ: The key point for me is that Hegelian statement which I make all the time, which is that what dies on the cross is not a finite representative of God, but the God beyond himself. So that "Holy Spirit" means precisely, we are on our own, in a way. This terrible opening, this freedom, which, and here I am quite dogmatic: what we really mean by freedom was opened only through Judeo-Christian space. Freedom in this radical sense only is or appears as a correlate of what Lacan would have called desire of the Other qua Other. Without the abyss of the other, without perceiving the other in an abyss, without not knowing what the other wants, you are not free. If you know what they other one wants, and you are the object of his desire . . . Here it can be said also why Christianity is the religion of love. It's a positive ontological constituent of love: you only love someone who is an abyss, whom you don't know. Love always means this. . . In order to love someone, it should be an abyss . . . it should be a lacking in perfect being, but at the same time a being with an impenetrable excess. There is no love without this. You have all that mystical stuff where you say yes to the universe, but that's not what is uniquely Christian love.

And here I think, again, as for the essence of Christianity Kierkegaard got it first. When he emphasized that it is totally wrong to read Christ as a metaphor in the sense that first the truth appears just as a person but then with the Holy Spirit we know that it's not a person but just a universal notion of love, or whatever. The greatness of Kierkegaard is to show that our only access to eternity is through temporality. Not in this fake Hegelian sense that eternity is just the totality of the movement of the temporal, but this crazy paradox that in a specific historical moment something happened. Only through that passage do you get eternity. That is to say, if you go directly to eternity, you get nothing, you miss eternity itself. So if I were to pick out one writer here who got it, it would have been technically Kierkegaard. It's also clear that the Kierkegaardian triad aesthetic-ethical-religious is so clearly the Lacanian imaginary-symbolic-real. It fits so perfectly.

Also, what interests me in some of my works is to explain this relation between sexuality and love. Not in some cheap New Age religious sense where the ultimate religious experience is to have good sex, because you get the yin-yang balance and so on . . . what I think is that something is missing for me, in Kierkegaard. I develop this, I think, in my Wagner book. It's that you have a.) the aesthetic mode of sexuality which is, basically—I know it's more complex than this—seduction, Don Giovanni, blah blah. Then you have the ethical mode which is marriage. Then where is the religious mode? I think it is courtly love, this absolute logic, and so on. But something is missing there. And the whole trick of it, and Kierkegaard was approaching it, is how (we should never forget it) with Kierkegaard, it's either/or: the three are not at the same level, you always have to make a choice between the two. Which is why (and in some of his most radical formulations Kierkegaard did get a presentiment of it), paradoxically, once you make the fundamental choice and you opt for the ethical, from within the ethical the only step toward the religious is, often in its appearance, a regression towards the aesthetic.

Which is why I refer, in the last pages of my On Belief , to that weird English catholic novel by Evelyn Waugh Brideshead Revisited, where you have exactly this. For the heroine, it would be ethical to marry the guy, now [at the end], because she is divorced. But she says no. Her only way to maintain fidelity to God is to go on changing lovers like crazy. Ethical would be, as Kierkegaard puts it (in a wonderful way apropos Abraham) the ethical is sheer interpretation itself. To act ethically, as opposed to religiously . . . from a religious perspective ethics is not something you should stick to against temptation. The ethical, as such, is the temptation. Which is why, again, this crazy leap of faith into the religious, can well appear, to external observers, to those not within the event, as merely aesthetic, as some kind of aesthetic regression. And again I think that to return to a diagnosis of where we are today, I think that precisely what I find horrible in these new forms of spirituality is that we are simply losing our sense for these kinds of paradoxes, which are the very core of Christianity.



¿Quién engañó a Marla Singer? Cuarta parte.

by Andrés Jáquez


Our culture has made us all the same.
No one is truly white or black or rich, anymore.
We all want the same. Individually, we are nothing.
- Fight Club, Chuck Palahniuk. Capítulo 17.



Segundo paso:asumir la herencia.


Reconocerse dentro de una rama unificadora de pensamiento es apremiante para saber desde dónde se habla, desde dónde se deconstruye. Es poner en la mesa las vísceras contextuales, lavarlas, limpiarlas con delicadeza para después afilar el cuchillo carnicero y acudir a al espectáculo de separación y desmembramiento. Es un acto de amor, un acto fetiche, un acto de aceptación y unción. La herencia no se elige, explica Derridá, la herencia obliga, nos marca como seres finitos. Existe una doble deuda en el heredero, "se trata de una suerte de anacronía:
anticipar en nombre de aquello que se nos anticipa, ¡y anticipar el mismo nombre! ¡Inventar su nombre, firmar de otra manera, de un modo siempre único, pero en nombre del nombre legado, de ser posible!." (De quoi demain...Dialogue/ Paris, Fayard-Galilée. 2001.)

Sobre la misma línea a la que pertenece Fight Club, en mi biblioteca personal,
puedo incluir a Hermann Hesse, a Philip Roth, a Paul Auster y a Jacobo Wassermann. Todos estos autores fueron devorados por mis ojos adolescentes y en todos encontré el rompimiento, la fractura y el exilio. Con todos me identifiqué en la aceptación de una batalla con uno mismo para renacer transformado en un síntoma de libertad.

No había una lectura religiosa, divina, en ninguno de los renacimientos, reinvenciones, concebidos por esta corriente, más bien era una lectura depresiva, oscura, elitista. Había que tocar fondo en las hipótesis de todos, había que
desfigurarse, era necesario construirse una doble personalidad para asumir la locura y vivir en libertad adentro de ella. El club de la pelea, Fight Club, venía a confirmar y materializar todas las imagenes y escenarios que rondaron mis círculos simbólicos y cerebrales. El filme se mantuvo sólido, piedra angular, y habitual en mis hábitos y visiones. Me medía con todos y medía los espacios, medía las ideas de los otros, medía los poros abiertos de la realidad para preveer una victoria o una derrota. Ese es el Fight Club que heredé a medias, que heredó mi generación. Nos hizo falta la otra parte para, en comunidad, lograr saborear la plenitud del mensaje, elaborar un análisis que incluyera nuestro miedo más grande. Aún así pudimos respirar la grandilocuencia del estilo e ímpetu que el filme sí logró rescatar del texto y ese fue nuestro alimento.

¿Quién engañó a Marla Singer? Tercera parte.

by Andrés Jáquez

The first rule about fight club is you don't talk about fight club.
The second rule about fight club is you don't talk about fight club.
The third rule in fight club, when someone says stop,
or goes limp,
even if he's just faking it, the fight is over.
Only two guys to a fight, one fight at a time.
Fight without shirts or shoes.
The fights go on as long as they have to
...and the seventh rule is if this is your first night at fight club, you have to fight.
- Fight Club, Chuck Palahniuk, Capítulo 6.
*



En la segunda parte de esta entrega (sobre un análisis de tipo deconstructivista, aunque partiendo de una hermenéutica -inevitable-, en Fight Club, novela escrita en 1996 por Chuck Palahniuk) prometí usar los cuatro pasos para abordar la problemática de una escena -secuencia en términos cinematográficos- que fue eliminada en el filme. Soy consciente de que cualquier interpretación y postura que adopte es parte de un planteamiento que se desprende de un sistema que así me lo permite. Por lo tanto la estructura racional estará en función de eliminar los centros, los lugares comunes, lo obvio y tangible. Aclaro que este acto es uno en el que se rasga, en términos psicológicos, mi propia verticalidad y, siempre apretando los dientes, representa una escisión en mi manera de admirar, amar, dialogar con el OTRO que es para mí este texto.

Primer paso: deconstruir lo que se ama.

En palabras de Derridá, al responderle a Élisabeth Roudinesco (De quoi demain...Dialogue/ Paris, Fayard-Galilée. 2001.), "jamás hablo de lo que no admiro", queda ya de manifiesto este punto neurálgico del proceso deconstructivo. La deconstrucción es el trabajo de un enamorado que desea comprender, a partir de lo que jamás se expresa o se toca, de qué va tal enamoramiento. Es una labor de arqueólogo para intentar descubirir los hilos finos que sujetan, que nos sujetan, que permiten la relación entre el signo que ama y el signo que es amado. Se pretende capturar el momento de lucidez, elusivo siempre, en el que se comprende qué fibras sensibles hacen que exista tal relación, nunca para destruirla o firmar el contrato de divorcio, sino para fundarla, fortalecerla, habituarla, domesticarla, digerirla.

Cuando asistí a la función de cine, en el año 1999, para ver una película comercial, una supuesta trama palomera, fuí iniciado, sin saberlo, dentro de un sistema que sutilmente se iba gestando afuera de la pantalla grande, en la periferia de lo superficial, en el rompimiento con la realidad políticamente correcta. Muchas ideas que manteníamos encerradas en nuestras cabezas, porque la adolescencia así lo obligaba y nos lo hacía saber, fueron desatadas en el discurso visual y auditivo de Fight Club. Mi pasión por la estructura, firme y robusta, de una tesis bien elaborada y medida, nació en el momento mismo en que se apagaron las luces e inició la descripción radical y nihilista del sufrimiento en palabras de Jack. Instántes después Tyler Durden pronuncia una frase lapidaria que golpearía por muchos años mi subconciente. "This isn't really death. We'll be legend. We won't grow old."

_________________________
*Nota: En el filme se mencionan ocho reglas adentro del club de la pelea, sin embargo en el libro solamente hay siete. En el modelo de pelea propuesto por Chuck Palahniuk resulta natural concebir, literariamente, que nunca debe haber más de un enfrentamiento simultáneo. Al parecer las ocho reglas obedecen más a un principio de orden y especificación que es indispensable en el mundo sajón-norteamericano (donde se observa una adicción a la lucha colectiva, por ejemplo en la World Wrestling Federation)

Las ocho reglas en Fight Club - filme.





¿Quién engañó a Marla Singer? Segunda parte.

15.12.08 by Andrés Jáquez

That old saying, about how you always kill the thing you love,
well, it works both ways.
- Fight Club (libro), Chuck Palahniuh, capítulo 26.



Deconstruir el miedo a través de las fisuras.

En mi clase de Análisis de las Fuentes I, parte de mi estudio en la maestría en Historia de la Sociedad Contemporánea, en la Universidad Iberoamericana Torreón, abordamos la hermenéutica - con especial énfasis en Hans-Georg Gadamer -, la teoría de la recepción estética que concibió Hans Robert Jauss, la metahistoria de Hayden White y la deconstrucción sugerida por Jacques Derridá para descubrir el destino de un texto.

En cada sesión fuimos descubriendo, mis compañeros y yo, que la historia siempre es literatura, que la historia construye tramas literarias, que la argumentación científica, de cualquier tipo, está plagada de metáforas y que el imaginario colectivo ha sido capaz de inventarse una línea temporal que entrelaza lo sucedido en la humanidad para explicarse, justificarse, una existencia de sentido, de significación. A manera personal pude ir afinando conceptos que ya he venido usando en mi curso de semiótica para el diseño. Conceptos tales como la idea del ser humano visto como un ser histórico. A mis alumnos siempre les inculco la idea de que el diseño, la designación de la realidad, es mera narración, les transmito la concepción de un ser que ante todo cuenta historias y me permito construir una serie de reglas y juegos para dilucidar y exponer la estructura de una comunidad, el mecanismo interno que hace funcionar todo en un tic-tac de relaciones simbólicas, marcando y midiendo los brincos y movimientos que ejecutan los signficados que hemos otorgado a los objetos.

En las cuatro corrientes de pensamiento, antes mencionadas, localizamos un tema común, que los vincula y entrelaza: la historia observada como literatura, como narración de acontecimientos y hechos significativos. Una primera impresión nos haría pensar que no solo son semejantes sino que entre ellas mismas se conducen unas a otras, quizás hasta se podría pensar que son pasos obligados en un gran método para hacer historia, historizar. Habrá quien lo vea así y todo indica que, si todo es una interpretación literaria, es posible hacer mezclas y combinaciones para observar como niños juguetones lo que pueda ocurrir. Sin embargo se debe señalar que sí existen diferencias, que la ingeniería con la que han sido pensadas y construidas solamente es común de manera externa. Al interior de cada corriente hay cosas particulares, específicas, ideas y vida independientes, que se cultivan y germinan en un ambiente contenido, vigilado y resguardado. Ahí donde la hermenéutica propone la fusión de horizontes la deconstrucción la imposibilita, la impide, la evita. Ahí donde la recepción es posible por algún lector y que el autor sea un ente reconocible, es ahí mismo donde la metahistoria expone la ideología de ambas partes (emisor y receptor) para desenmascarar las dobles intenciones. Cuando la deconstrucción habita la incertidumbre, la alimenta, no hay otra corriente que pueda respirar enmedio de ella.

Si nuestra única posibilidad es reducir los equívocos de los constructos comunicativos, si nuestra única garantía es que siempre seremos captados de manera polisémica, de manera distinta dependiendo del lugar y del tiempo en el que seremos recibidos, leídos, entonces nos queda una libertad un tanto extraña, una libertad de posturas y discursos que nos permite producir mensajes superpuestos, hipertextos, y jugar al loco, al ciego, al sordo sin ningún remordimiento. Es entonces que los miedos habitables se esfuman, es entonces cuando podemos ser lo que siempre hemos sido: intención. La mira telescópica, asesina, de la deconstrucción apunta y atina en ese blanco móvil y escapista. Es por eso mismo que la deconstrucción me viene bien cuando quiero serle infiel a Chuck Palahniuk y enjaular lo no-dicho, lo que se quedó entre líneas. La deconstrucción me sirve para dialogar con Tyler y Jack cuando son una sola entidad, para preguntarles cuál es su miedo más grande, para descubrir que Marla Singer es el principio-y-fin de su existencia, para detener al narrador omnisciente, saturado de ideas e información -esquizofrénico-, y dejarlo en silencio, asumiendo su derrota, su verdad, su intención.

Jacques Derridá no ensambló su teoría deconstructiva como si de una receta de cocina se tratara, precisamente porque su objetivo es eliminar tales ataduras y golpear los cimientos de toda obra intelectual, sacudirla y del polvo, de los restos, oler la fragancia escondida, la base olfativa, en todo discurso, en toda mentira, en cualquier signo. La deconstrucción no busca culpables, no desea castigar y tampoco incita a la destrucción. Se deconstruye lo que se ama, diría Derridá, para convencerse en la causa, asumirse en la herencia, hundirse en la historia. Deconstruir lo que se ama es un acto suicida, un acto de amor verdadero, un gesto romántico y puramente idealista. Deconstruir es psicoanálisis, diría Zizek, deconstruir es arrojarse al vacío, diría Tyler Durden, deconstruir es anudarse la camisa de fuerza, diría Eliseo Alberto, deconstruir es no hablar de uno mismo, diría Thom Yorke, deconstruir es detenerse, diría Allen Ginsberg.

Deconstruir es desmontar, contar las partes, hacer un inventario, localizar las piezas faltantes e ingeniárselas para construir algo nuevo. Y si bien no hay un método deconstructivo, o un manual, en nuestra clase logramos - logró nuestro profesor a marchas forzadas - enlistar y enumerar los nudos necesarios, las conexiones pertinentes, los puntos de fuga elementales para realizar un ejercicio deconstructivo, para hacer trazos en lienzos de interpretación. Estos pasos posibles para una deconstrucción son:


1. Amor.
2. Asumir la herencia.
3. Responsabilidad.
4. Captar el momento dogmático.


En la tercera parte de este análisis sobre FIGHT CLUB explicaré cómo operan los cuatro apartados al aplicarlo a mis dos fuentes, libro y película, a partir de una secuencia omitida -en el filme- y que rebela la intención original del autor, que expone la fisura del gran edificio masculino, homoerótico, del texto.

Jacques Derrida On The Problematics Of Deconstruction.

¿Quién engañó a Marla Singer? Primera parte.

14.12.08 by Andrés Jáquez

I wanted to burn the Louvre.
I'd do the Elgin Marbles with a sledgehammer
and wipe my ass with the Mona Lisa.
This is my world, my world,
and those ancient people are dead.
- Fight Club (libro), Chuck Palahniuk, Capítulo 16.

We're the middle children of history...no purpose
or place.
We have no Great War,
no Great Depression.
Our great war is a spiritual war.
Our great depression is our lives.
- Fight Club (filme), guión escrito por Kim Uhls,
dirigido por David Fincher,
novela escrita por Chuck Palahniuk.

Intro. Marcar X es un acto violento.



En 1991 se publicó la primera impresión del libro que marcó a todos los nacidos entre 1960 y 1980: GENERACIÓN X. Douglas Coupland, diseñador, artista y escritor logró capturar los síntomas de una generación enajenada con los artificios que una realidad superficial construía sin demasiadas dificultades. Hijos de MTV, seguidores de Kurt Cobain, fanáticos de todo aquello que tuviera el sello de alternativo, héroes consagrados y sobrevivientes de familias disfuncionales y amantes de todo tipo de productos que mejoraran su identidad...su autoestima -desde las perforaciones salvajes, ornamentación que nos remite a una época de símbolos primitivos, hasta los acondicionadores y extractos de la naturaleza más excéntricos-. Esta era una generación criada por mujeres, olvidada por los hombres, sin camino, sin guías, sin mitos. Algunos pensadores intentaron convencerla de que era la generación que inventó el postmodernismo, no fue suficiente para hacerla despertar, no entendía razones, no lograba acunar una sola preocupación. Esta es la generación que hizo de Michael Jackson un dios, un criminal en potencia, un pederasta. Todos fuimos culpables. Yo pertenezco a esa generación.



Cinco años después se publica un libro que muy pocos lograron adquirir, comprender y difundir: FIGHT CLUB. Chuck Palahniuk intentaba superar sus malos ratos, los rechazos constantes de las compañias editoras y no le tomó mucho tiempo tocar fondo. Probablemente haber llegado al sótano emocional e intelectual hizo que uno de los argumentos principales de su obra sea la búsqueda auténtica de la autodestrucción, ("If you lose your nerve before you hit the bottom," Tyler says, "you'll really never succeed."), para alcanzar la libertad personal. Cuando el libro fue publicado, por un editor arriesgado, salió al mercado con nulas expectativas de venta y recepción. Algunos críticos confiesan que no tenían las palabras necesarias, ni la audiencia apropiada, para describir lo que tenían en sus manos, así que lo cerraron y guardaron en el cajón. Los lectores de la primera impresión registraron cada sentencia, cada idea y crearon un grupo silencioso, compacto e imperceptible que fue moviendo el significado, el mensaje entre los suyos, entre sus tribus, enmedio de sus clubes o en las calles, lo llevaron a los rincones oscuros de la realidad que se gestaba y preparaba para el siglo XXI. Fight Club era la respuesta que los habitantes del planeta shampoo, marcados con la X, estuvieron esperando por años. Era la palabra que necesitaban escuchar para ser salvados, glorificados, reinventados. Los seguidores de FIGHT CLUB se olvidaron de las perforaciones y las fragancias, los pantalones kakhis y la teoría del color, ya no les importaba cómo vestirse y bajo qué combinaciones, ya no les interesaba subir el volúmen de la realidad para olvidar sus sueños fallidos. Los luchadores de los distintos clubes de pelea que se fueron montando a lo largo de los Estados Unidos de Norteamérica no se inmutaban ante nada...y, principalmente, asumieron que la gran depresión que les tocaba vivir era su vida.


Mientras tanto, mientras el tiempo jugaba la parte que le correspondía, los X tenían que lidiar con la generación Baby Boom -que comprende a los nacidos entre 1946 y 1960-, los creadores de la prosperidad -los mismos que lograron erradicar la mayoría de los virus que siglos antes erradicaron pueblos y civilizaciones enteras, los mismos que sobrevivieron, al menos, dos grandes guerras -una de ellas mundial-, los mismos que fortalecieron economías e imprimieron la inercia del capitalismo liberal- y librar una batalla sin sentido, anacrónica, para proteger su territorio delimitado por la falta de sueños, expectativas y obligaciones.

El sueño moderno de las dos décadas anteriores no hacía eco en los oídos ensordecidos por las disonancias de un Heavy Metal que estaba en vías de extinción y consolidando el sonido fácil y digerido del rock alternativo. La
generación beat solo servía para justificar un nihilismo sexual y contagiado de bofetadas a la autoridad. HOWL, el poema maldito de Allen Ginsberg, se recitaba en fiestas oscuras y sin comprender realmente su intención poética, su mensaje infinito (muchos años después se pudo comprender, al ver a la nueva generación celular moverse, hablar y pensar como zombies -muertos en vida-, el verdadero poder imbuido en ese largo, y apocalíptico, discurso sobre la tristeza de ver cómo la humanidad se va por la alcantarilla más sucia y corroída). Se veía venir la decadencia de los valores familiares y las argumentaciones sexuales, era inevitable no sentirse parte del sueño americano sin importar en qué lugar del mundo se sintonizara el canal que ponía una y otra vez en su programación Smells Like Teen Spirit.

SMELLS LIKE TEEN SPIRIT - NIRVANA


Todo se resumía a vivir viajando de un planeta Dennys a uno llamado Budweiser, comprar el mobiliario IKEA que mejor definía al ser humano y tener un refrigerador sin comida pero lleno de condimentos, hasta el día en que, muchos hijos olvidados de la historia, abrieron los ojos cuando vieron el filme, en el año 1999, llamado FIGHT CLUB, protagonizado por los hollyboys del momento: Brad Pitt y Edward Norton.


Yo también asistí a las primeras funciones, yo también la ví varias veces, yo también me aprendí sus diálogos y aplaudí en la escena final, en medio de la destrucción de toda la historia, cuando se escucha melódicamente Where is my mind?, interpretada por The Pixies -una de mis bandas de rock favoritas de la adolescencia-. Yo también presencié el engaño, el truco, el acto de magia. Soy parte de esa masa de espectadores que descubrió la verdad, expuesta en un atisbo, con miedo, en el texto escrito, en el FIGHT CLUB de palabras, distinto, en los momentos cumbre, al FIGHT CLUB de venticuatro cuadros por segundo.


SECUENCIA FINAL - FIGHT CLUB / WHERE IS MY MIND? - THE PIXIES




En esta serie de posteos intentaré dejar en claro qué pasó con Marla Singer. Utilizaré la deconstrucción de Derridá para asumir mi herencia, mi amor cercano a la obra de Palahniuk, a su intención original y serle infiel para regresar, como hijo pródigo, a los brazos rotos y ensangrentados de la personalidad masculina, disociada y desordenada, que enaltece FIGHT CLUB y que tiene como líder a Tyler Durden.

Las fuentes, si bien se complementan, las usaré como pretexto, como puente, para lograr encontrar, descubrir, la trampa en la que, supuestamente, ha caído Marla Singer. Dicha trampa, si es que hay alguna, deberá ser desarmada y colocada estratégicamente en un nuevo camino con la intención de observar los tropiezos de otros turistas, otros personajes, otros discursos. El guión cinematográfico no aporta nada nuevo, solo la evidencia, el acto jurídico, de que al pasar del libro a la pantalla algo se quedó afuera, olvidado, alejado. Mi hipótesis es que la decisión no solo fue de David Fincher (el director de la película) sino que fue un acto premeditado con anterioridad, desde las entrañas del texto original. Marla Singer fue reducida por la película a una equívoca y tonta figura femenina, víctima de un loco enamorado que no sabe lo que debe hacer con su vida. En el libro el acto de sometimiento fue, por mucho, más agresivo, fue un acto suicida. Sin embargo, en la mente de lectores y espectadores, Marla siempre triunfa. Esa es su gran victoria sobre el escritor y el director. Marla sobrevive, prevalece y descansa en el inconsciente colectivo, depositada en el OTRO, almacenada y refrigerada en la narración histórica.

El bostezo derridiano

9.12.08 by Andrés Jáquez

Derrida liegt im Körbchen Mündchen auf!! por kimberley1979

Ya todos tenemos nuestros boletos para los conciertos de Radiohead. Ya todos pasamos la campaña completa de Gears of War 2. Ya se va a terminar el año. Ya dos de mis blogs favoritos concluyeron sus entradas...y están inhabitados por comentarios sin tiempo, sin espacio. Ya. Ya viene el frío...después se irá. Ya Obama fue elegido presidente...después llegará otro y otro más. Todo ha pasado ya...todo vendrá de nuevo.

* * *

Mis horas suceden entre el estudio de la historia, la nueva manera de hacer historia, las historias que juego, las historias que me pagan por ayudar a construir y las historias que me invento. Sin embargo son las historias que juego las que están ocupando mucho de mi intelecto para lograr sobrevivir en esos dos universos: FABLE II y FALLOUT 3. Ambas me recuerdan al cuento de Borges llamado El Inmortal. Ambas hablan de la construcción y destrucción de héroes. (También estoy siendo iniciado en Héroes, la famosa y multipremiada serie concebida por Tim Kring). En una la saga se desarrolla en un mundo localizado en una posible Francia medieval, llena de magos, monstruos, caminos bien trazados de piedra, jardínes fértiles y relaciones sociales sencillas, transparentes...la otra sucede después de la destrucción del mundo, en Washington D.C., y ya no queda nada...no hay caminos claros, no hay jardínes seguros...todo es sospechoso...todo es radiactivo...todo conduce a la muerte...


Lo único común en estos mundos es la búsqueda de la historia, la reconstrucción del mito, del héroe...de la esperanza. En las próximas semanas hablaré sobre ambas historias jugables...adelántandome un poco a la que será mi matería sobre Teoría del Videojuego. Por ahora no me distraigo para lograr terminar mi análisis deconstructivo sobre FIGHT CLUB -la novela y la película-.

¿Alguien ya vió U2 en 3D?

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¿Puede haber algo tan deconstructivo como llamarle a tu perro Derridá?